La selección iraquí de fútbol es una de las selecciones asiáticas más potentes en la actualidad. Para llegar a su actual status ha tenido que sobreponerse a problemas extradeportivos de índole político, un país en guerra, devastado por los misiles.
Afortunadamente, la pasión por el fútbol y la posibilidad de sentirse un país a través del deporte rey hizo que la selección nacional produjera una considerable generación de jugadores de buen nivel que llegaron incluso a obtener el cuarto puesto en los Juegos Olímpicos de Atenas, rozando las medallas.
Tres años después, esa misma generación de jugadores (con alguna variante) se plantaba en la final de la Copa Asiática de fútbol frente a Arabia Saudí haciendo un fútbol veloz y atractivo que sorprendió a propios y extraños. Ganaba 1-0 con un solitario gol de Mahmoud.
La sorpresa se consumó y el panorama futbolístico internacional dejó de ver a Iraq como una selección menor que había tenido suerte. Poco después llegó la gran decepción, cuando no logró clasificarse para el próximo mundial en Sudáfrica del 2010. Aún así esta es una oportunidad de oro para reivindicarse como potencia futbolística asiática, un buen papel ante España sería ilusionante para un país necesitado de alegrías.
Iraq se compone (en su mayoría) de futbolistas que han tenido que emigrar a causa de la guerra para poder practicar su fútbol. Gracias a una amplia gama de jugadores que residen en la liga qatarí, Irak ha formado un bloque competente, mucho más sólido de lo que puede parecer a simple vista. Jugadores como Mahmoud, Mohammed o Akram tienen nivel suficiente como para jugar en algún equipo europeo.
Para que España vuelva con la Copa Confederaciones solo tiene que ser fiel a los principios que le llevaron a conquistar la Eurocopa, respeto por el balón y por el rival. Pero sobre todo, y ahí tiene que hacer hincapié Del Bosque, no infravalorar a ninguno de sus rivales, y menos a Iraq.


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