Sudáfrica, futbolÃsticamente hablando, es un paÃs de lo más mediocre, del montón. Ocupa el puesto número 71 en el ranking FIFA y ni siquiera logra ser potente a nivel continental, donde incluso paÃses como Togo, Túnez y Angola han logrado mayores éxitos últimamente.
Sin embargo, en lo polÃtico es extraordinariamente particular. La segregación entre negros y blancos, conocida como 'Apartheid', que rigió el paÃs hasta mediados de los 90 escandalizó al mundo, pero también le dio la posibilidad de ver cómo todo, con sentido común, puede tener remedio. O al menos estar en el camino. Y de ver cómo el deporte puede jugar un papel importante en la sociedad, más allá del divertimento. Como en 1995...
...Fue en Ellis Park, un año después de la caÃda del 'Apartheid'. Nelson Mandela entregó la Copa de Campeón del mundo de Rugby a Sudáfrica enfundado en la zamarra número 6 del capitán de los Springbooks, François Pienaar, de raza blanca. Aquel pequeño gesto, para muchos, significó el inicio de la normalidad en un paÃs maltratado por el racismo. En el XV sudafricano sólo figuraba un jugador de raza negra, Chester Williams.
Catorce años después, Sudáfrica espera que el fútbol (tradicionalmente deporte de los negros, al contrario que el rugby) logre aunar de nuevo en la misma dirección a cuantas razas habitan en el paÃs del arco iris. Mandela ha afirmado que asistirá "en directo" a varios partidos. La buena noticia serÃa que no sólo los compañeros de raza del lÃder polÃtico le siguieran al campo, sino que los Afrikaner (descendientes de los primeros europeos que habitaron en el paÃs) también lo hiciesen.
Más allá de luchar por la Copa, de la mejora del paÃs en materia de fútbol y de demostrar que sus dirigentes son capaces de organizar un evento a nivel planetario, que la Confederaciones y el Mundial hagan olvidar que el rugby era el deporte de los blancos y el fútbol el de los negros serÃa el verdadero gol por la escuadra de este evento.


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